Por Fernando Roldán
En estos días de intensa campaña electoral hemos podido ver cómo los diferentes partidos mostraban al pueblo español sus diferentes propuestas en materia municipal, cómo prometían luchar contra la corrupción imperante y la crisis económica para crear una España más democrática. Las encuestas pronostican que pese al crecimiento de los nuevos partidos, tales como Podemos y Ciudadanos, PSOE y PP volverían a alzarse con el triunfo, pese a ser los culpables directos de la situación actual de nuestro país.
El sistema tradicional de
partidos goza de nueva salud en España, se está renovando lentamente y la gente
comienza a creer en el cambio. Por desgracia, el crecimiento de Ciudadanos y
Podemos no es algo espontáneo sino que nace de la necesidad que tiene el
sistema liberal de renovarse si no quiere perecer. Podemos y Ciudadanos, Albert
Rivera y Pablo Iglesias, son líderes políticos creados dentro de los
laboratorios del sistema liberal y que sustituirán a los dos grandes partidos,
cuya vida útil ha llegado a su fin. Esta renovación, este cambiar para que todo
siga igual nos recuerda a la euforia que supuso la victoria de Felipe González,
euforia que con el tiempo se tornó en decepción al ver como traicionaba a sus
votantes en asuntos tan tamaña importancia como la entrada de España en la
OTAN. La ilusión que ha provocado el vertiginoso ascenso de los nuevos partidos
terminará con las primeras traiciones a los votantes, traiciones que la
agrupación de Pablo Iglesias ya ha cometido al abandonar gran parte de su
programa más “revolucionario” para asentarse cómodamente en la partitocracia
del Régimen de 1978.
El sistema de partidos es la base
legitimadora del sistema capitalista y es realmente difícil que surja una
verdadera alternativa a dicho sistema desde dentro del marco legal político.
Ante este yermo árido que es la política (o estafa, si queremos ser más
sinceros) española los falangistas defendemos un modelo
radicalmente distinto: La democracia municipal y autogestionaria.
¿Qué es y cuál es la
función del municipio dentro del falangismo?
Para los falangistas, el municipio
no es un ente administrativo frío, ajeno a los problemas de los ciudadanos.
Nosotros afirmamos que el municipio es un órgano natural de convivencia en la
que la persona de desarrolla con total libertad. En el sistema liberal vigente,
la persona, portadora de valores eternos tales como la dignidad humana y
miembro de una comunidad popular desaparece para dar lugar al individuo, un simple
número entre la masa que ha perdido todo sentimiento de pertenencia a la
comunidad. Este es una de las mayores problemáticas a las que nos debemos de
enfrentar, problemática recrudecida gracias a la Globalización, fenómeno capitalista
a nivel internacional que ha supuesto la pérdida de soberanía nacional, la
destrucción de las identidades de los pueblos y el dominio imperante del
paradigma liberal. Revitalizar el municipio es devolver al individuo su
dimensión comunitaria, arraigar a la persona en una tierra con tradiciones y
modos de vidas propios. José Antonio en su discurso en Sevilla en 1935 ya
reafirmaba esta visión del municipio como enclave del individuo con la
comunidad:
“No se es libre por tener la libertad de morirse de hambre formando
colas a las puertas de una fábrica o formando cola a la puerta de un colegio
electoral, sino que se es libre cuando se recobra la unidad entera: el individuo,
como portador de un alma, como titular de un patrimonio; la familia, como célula
social; el municipio, como unidad de vida, restaurado otra vez en su riqueza
comunal y en su tradición”
El municipio es a su vez un
órgano de participación ciudadana. Los partidos políticos son intermediarios
artificiales cuya función principal es sostener el sistema económico
capitalista. Para ello necesita del turnismo de los dos grandes partidos
liberales: El conservador (PP) y el Socialdemócrata (PSOE). La democracia queda
restringida a depositar el voto en una simple urna cada cierto tiempo,
desposeyendo al ciudadano del poder. Frente a este sistema representativo
basado en los partidos, los falangistas defendemos al municipio como un
organismo directo de participación popular por el cual son los españoles los
que rigen por si mismos la vida política de la nación. Basado en el principio
de subsidiariedad, los ciudadanos serán los que dirigirán la gestión municipal
de forma directa. Los municipios a su vez se irán conformando en órganos
comunales superiores que permitirán estructurar un modelo de estado de profunda
raíz democrática y natural.
Bajo este modelo municipalista el
pueblo español recuperaría la soberanía nacional, puesto que esta no sería una
idea abstracta nacida de una Constitución sino que su origen radicaría en la
gestión popular de los municipios, una soberanía social nacida de los órganos
naturales. Nuestro sistema supone la superación del individualismo de raíz
liberal y del colectivismo, ya sea en su vertiente Socialista como Fascista o
nazi. La persona, individuo libre y a su vez un ser social miembro de la
comunidad, es el centro de nuestra cosmovisión y de esta debe de partir el
poder político.
La autogestión sindical
El sindicato es junto con el
municipio el segundo cauce de representación ciudadana en el sistema
falangista. El sindicato se constituye como un organismo autónomo del estado
formado por los trabajadores organizados según ramas de producción. Tal y cómo
expuse en mi artículo sobre la empresa nacionalsindicalista (1), los
trabajadores serán los propietarios de los medios de producción dentro del
sindicato de empresa y de su rama sindical. Los trabajadores, como verdaderos
creadores de riqueza, serán los gestores de las empresas mediante los consejos
de administración. En este modelo las empresas pasarían a ser células
autogestionadas, conformando un nuevo modelo económico alejado del capitalismo
depredador dominante en el mundo actual.
Los sindicatos de empresa también
se constituirían como órganos de participación política, al igual que los
municipios. Los trabajadores participarán en el estado mediante las diferentes
confederaciones sindicales, dando lugar a una cámara sindical que junto a la
cámara municipal sería la verdadera depositaria de la voluntad popular.
Conclusión
El municipalismo y el
sindicalismo autogestionario son las bases para una verdadera democracia
orgánica en la que el pueblo español sea quien rija los destinos de la nación.
Estos dos órganos naturales constituyen los pilares del estado popular nacionalsindicalista, logrando la armonía social
y dando lugar a un nuevo modelo político y económico alejado del caduco
liberalismo vigente. Una visión revolucionaria que cómo dijo José Antonio va
más allá de un simple cambio de estructuras, sino una alta tarea moral:
“He aquí una grande y bella tarea para quienes de veras considerasen a
la patria como un quehacer: aligerar su vida económica de la ventosa
capitalista (...), verter el acervo de beneficios que el capitalismo
parasitario absorbe en la viva red de los productores auténticos, ello nutriría
la pequeña propiedad privada, libertaría de veras al individuo, que no es libre
cuando está hambriento, y llenaría de sustancia económica las unidades orgánicas
verdaderas: la familia, el municipio, con su patrimonio comunal rehecho, y el
sindicato, no simple representante de quienes tienen que arrendar su trabajo
como una mercancía, sino beneficiario del producto conseguido por el esfuerzo
de quienes lo integran” (2)
Tanto el municipio como el
sindicato son estructuras cuya revitalización es fundamental para poder
consolidar la futura revolución nacional-sindicalista, única vía que tienen los
pueblos de España para lograr la ardua tarea de la liberación nacional.
Notas:
(1) La empresa nacional-sindicalista, por Fernando Roldán.
(2) Manifiesto “Ante
las Elecciones”, 12 de enero de 1936
No hay comentarios:
Publicar un comentario