lunes, 22 de junio de 2015

LA TRAICIÓN DE LA PRENSA BURGUESA

Por Onésimo Redondo


Los periodistas burgueses que hicieron la revolución van revelando cada vez con más desairada evidencia la clandestina hipocresía, el inmoral apetito de ganancia con que se dedicaron unánimemente al barato negocio de la agitación.

No hay en esa falange de publicaciones consagradas a la especulación crítica, ni un solo ejemplo de consecuencia, ni una excepción de honradez objetiva.

Enarbolando el lema de libertad y legalidad bloquearon el Poder público, y pactaban a diario con todas las rebeldías. Cada acto de los gobernantes de entonces era torpe e inicuo. Los gastos públicos, despilfarros, con exiguas excepciones; los empréstitos, punibles francachelas; los monopolios, inconfesables repartos de la soberanía y los negocios públicos; la oposición el desorden, una organización de asesinatos legales.

Hoy sigue administrándose sin ley, se contratan empréstitos con el extranjero por la sola firma la de un ministro, se usufructúan los mismos monopolios -con personal renovado en lo posible-, "se ametralla al pueblo" en la calle, como decimos en lenguaje libertario, y la burguesía, en fin, de brazo del Estado, disfruta de idéntica primacía... Ni ley, ni responsabilidades, ni acallamiento de las discordias entre el llamado pueblo y la autoridad.

Sólo ha cambiado, pues, la actitud de los antiguos magistrados de la justicia popular, que, si bien siguen -porque el instinto y el negocio les obligan a mantener la farsa-, goteando veneno sobre el cuerpo exánime del poder derribado, amparan ahora lo mismo que antes les servía de contradicción farisaica.

Si el Poder ejecutivo dispone hoy de libertades y residencias, encarcelando y desterrando a los ciudadanos que no le son simpáticos, es que "consolida la República". Una ley superior de salud, justifica a los ojos de los periodistas venales las violencias antes condenables porque les molestaban a ellos.

Hoy oímos hablar en la prensa, que fue revolucionaria, de "demasiadas huelgas". Ahora no es como antes "el pueblo", el que se echa a la calle "dejando siempre víctimas de la libertad a su paso": son exaltados irreducibles para los que bien está la metralla. No importa que sean los mismos que, en la calle, con idénticos movimientos y manteniendo las mismas causas, sirvieron para auparnos al poder. Precisamente porque ahora estamos arriba, debe terminar la etapa de huelgas y sofocarse con desconocida crueldad toda tentativa de insurrección.

El criminal impudor está patente. Cualquiera que contemple -al margen de la embriaguez política que ha sumido en el idiotismo a mucho ciudadanos de nuestra infantil "democracia"-, esa prostibularia desfachatez de los periodistas traidores, sentirá asco y rabia de ver entregada la noble España al magisterio de tan extraños bichos. Y no cabe duda que siguen ellos siendo los más altos entre los ciudadanos; los únicos árbitros de la suerte nacional, porque, disponiendo con casi unánime despotismo de la facultad de juzgar en público, son dueños de conducir caprichosamente las veleidades de la multitud, que es la que manda.


Semanario Libertad, núm. 6, 20 de julio de 1931

No hay comentarios:

Publicar un comentario