martes, 13 de octubre de 2015

EL NACIONALISMO NO DEBE SER CONFESIONAL

Por Onésimo Redondo


Decir que es "confesional" un movimiento político, significa que éste se determina, de modo directo y específico, a enarbolar la religión como uno de sus lemas, a su defensa como uno de los fines característicos del partido.

En este sentido es como decimos que el nacionalismo, concretamente el nacionalismo español, no debe ser confesional. Esta afirmación, si no choca - de ningún modo - con la doctrina y las normas generales o concretas de la Iglesia, sí choca con el parecer de un sinnúmero de católicos de los que podemos llamar "militantes", o católicos entusiastas.

¿Con que el nacionalismo español debe o puede ser anticatólico? ¿Es que a la España nacional, la verdadera, la de la historia gloriosa, se la puede separar de la religión católica?

Ya los que así preguntan entienden colocar al pensamiento nacionalista en una estrecha disyuntiva: si contestamos de modo desfavorable a la intención de las preguntas, nos replicarán: "¡Pues eso no es nacionalismo español!" Y si respondemos - como sin duda es más exacto - de conformidad con el sentido de las preguntas, argüirá seguidamente el católico receloso: luego el nacionalismo español debe ser nacionalismo católico, es decir, confesional.

Y aquí está el error. Porque podemos reconocer que la grandeza de España va enlazada a su catolicidad, aceptar que el nacionalismo no puede ser anticatólico, y sostener, sin embargo, como es nuestra tesis: "EL NACIONALISMO ESPAÑOL NO DEBE SER CONFESIONAL, no debe ser nacionalismo católico".

¿RAZONES? Son innumerables: imposibles de situar completamente en un artículo y además de tan gruesa importancia y conveniencia, lo mismo desde el punto de vista religioso que desde el punto de vista nacional, que sólo se explica la discrepancia de muchos temperamentos de derecha por una de esas formaciones impulsivas y rutinarias tan acreditadas y extendidas en los modos políticos del catolicismo español militante.

1º El nacionalismo, por principio, y bajo pena de extinción, es un movimiento nacional totalitario, esto es, encaminado a dominar en la nación por completo.

2º El nacionalismo ha de ser, en esencia, desde el primer instante, popular: con mayores aptitudes de popularidad que ningún partido político.

3º El pueblo español, en su generalidad, comprendiendo todas las regiones de nuestro territorio, no posee catolicismo militante. Esto no quiere decir que la mayoría de España sea anticatólica.

4º El nacionalismo va a disputar amplia y rápidamente la hegemonía de la masa obrera a las organizaciones marxistas: y los obreros, en su mayor parte, no son confesionales, no son católicos militantes.

5º El nacionalismo es un movimiento de lucha; debe llegar incluso a las actuaciones guerreras, de violencia, en servicio de España contra los traidores de dentro de ella. No es posible, ni conviene, ejercitar esas violencias en lo política con la Religión como bandera.

6º Como movimiento esencial espiritualista, es decir, inspirado y basado en virtudes cívicas, el culto a la Patria, la veneración de la propia Historia, el respeto a la jerarquía, la abnegación en beneficio del pueblo, la defensa de la familia cristiana, el nacionalismo respeta eficazmente a la Religión Católica
.
7º Decir que no es confesional no significa que el nacionalismo sea neutro. Es, precisamente, enemigo declarado de las fuerzas que se llaman neutras: liberalismo, masonería.

Como hay materia para más de un artículo, no pretendemos haber agotado las razones o proposiciones que fortalecen nuestra tesis; dejamos para números sucesivos el desarrollo de esas razones. Hay muchos jóvenes que sueñan con el fervor nacionalista, que anhelan ver hecho carne un gran movimiento de independencia con ese nombre, y que formados en el seno del catolicismo práctico y entusiasta, se hallan preocupados por la tenaz oposición al nacionalismo, tal como aquí le entendemos y debe entenderse, que es desprovisto de una especial protección de fe católica.

A muchos de ellos les aconsejamos lean o relean la conocida pastoral colectiva de los Obispos españoles, en la que pueden aprender tranquilidad y tolerancia.

Que recuerden concretamente las palabras de Jesús, en esa carta recordadas: "El que no está contra vosotros, a favor de vosotros está", y que no afirmen con mezquina intransigencia que esté retirado de Cristo el hombre o el partido que no esté con El, pero que tampoco esté contra los principios inmutables de justicia, de honestidad y fraternidad cristianas, regentados por la Iglesia.

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